El héroe y su síntoma
- Marcos Cordoba/Mercedes Balquiar

- hace 2 días
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Una vez suicida, se está en deuda con la muerte de por vida.

Lo extraordinario del héroe radica en su poder de supervivencia, en su descenso al abismo, en su sospechado contacto con lo divino, que le ha salvado a pesar de su pulsión autolítica, pues Dios tenía otros planes para su alma. El héroe vuelve a la Tierra y ahora debe probarse a sí mismo de qué material está hecho; después de todo, los verdaderos terrores que le persiguen no están ni en lo alto del cielo, ni en la viscosidad abisal, sino en lo más profundo de su propia mente: ¿cómo una fuerza extraordinaria para recobrar la propia vida se quiebra con tal facilidad entre los muros de la casa?
El síntoma se revela en la intimidad de la propia mente, en el silencio de los propios pasos haciendo eco en el espacio solitario. La película rueda, en ella el héroe se abandona a las pulsiones que en un principio intentaron arrebartarlo del mundo de los vivos; todo se repite en su cabeza como alguna vez aconteció: primero una idea lejana, seductora, después un deseo legítimo, y por último, la pregunta que conecta la fantasía de la mente con la realidad de su propia piel: ¿serías capaz? ¿De verdad? ¿Por qué otra vez, acaso no has aprendido? No, no has aprendido. O sí, en cierto nivel aprendiste, pero el síntoma se cuela, se atasca entre lóbulo y lóbulo, se acomoda y empieza a palpitar como un tumor: tendrás que extraerlo lo más pronto posible si no quieres que se haga con el resto de ti.
Soportar el síntoma y evitar actuar en consecuencia de él son lo que hacen del héroe un héroe, pues a diario se prueba a sí mismo que es más fuerte que su sombra, y cada día el más denso que el anterior, le abraza con todo el peso de su desgracia, y la esperanza de la liberación pesa exactamente lo mismo.
Cuando el síntoma deja de verse por un tiempo en el panorama del héroe, llega el alivio y el héroe sospecha que se ha liberado de él. Algo extraordinario pasa en su vida: se vuelve leve como un diente de león, con agrado pasan los días y ahora el héroe puede usar su extraordinario talento para algo más que la supervivencia: se dedica al arte y la filosofía, defiende a otros de los mismos fantasmas que alguna vez le atormentaron a él.
Pero oscura materia de la que está hecho el síntoma, no tarda demasiado en volver reptando hasta los pies del héroe, su gélida presencia cada día más difícil de ignorar. El héroe piensa: sólo hay una forma de matar este demonio, y esa es deshaciéndose de su contenedor: él mismo. Ahí las puertas se abren: las puertas abisales.
¿Creerás en tu héroe mañana al despertar entre tinieblas? Si eso piensas, prepárate para la guerra, pues hay muchas formas de deshacerse del síntoma, y en cada una de esas formas, el contenedor habrá de romperse.

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