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Soledad

Hablemos de la soledad quizás deberíamos hablar de la soledad. Hablo en la segunda persona del plural pero estoy sólo (vaya sorpresa), así que no tiene mucho sentido.


Quizás formulo la pregunta de esa forma como una forma más de expresar mi deseo de hablar con alguien. Digo "hablemos", porque la necesidad está en la interacción, no en la absoluta emisión. Interesante pensar: ¿alguien que habla sólo se está comunicando? Dado a que es sólo emisor, parece no haber comunicación posible. Quizás pueda responderse a sí mismo, ser su propio receptor. En ese caso diríamos que habla sólo, como los locos. ¿Estaré loco yo?


Creo que es muy justo decir que esta soledad es una forma de violencia, en tanto que me priva de una de mis necesidades básicas como ser humano: la de compañía, la de pertenencia a un grupo (aunque sea un grupo de sólo dos personas).


Pero ¿violencia de quién? Si no hay nadie que, activamente, me esté imponiendo esta soledad, a través de la exclusión o el rechazo. ¿O sí?


Extraña y heteróclita, se ha dado por reducir a la soledad a un sentimiento: "sentirse sólo", que es como decir "sentir calor/frío". Un estado transitorio, porque nadie podría imaginarse una vida de frío o calor absolutos. Ahí donde se está con mucho frío o mucho calor, uno se mueve y procura el opuesto. Hay quienes piensan que con la soledad ocurre algo similar: cuando se está siempre con otras personas, se busca un momento de soledad; cuando uno se siente sólo, busca la compañía.


Tengo muchas objeciones en cuanto a esa forma simplista de ver el asunto. Empezando por definir a la soledad sólo como un sentimiento, y no como un hecho real. Porque la soledad no es sólo la ausencia de algo, sino que es un proceso activo que se desarrolla en el individuo.


Llegado cierto punto de la vida solitaria, es innegable que aquello que nos invade con su filo helado por las tardes va más allá de ser una sensación. Una persona sola hace una vida sola: cocina para uno las más deliciosas y elaboradas recetas, a veces rodeado de invitados y comensales ficticios que sabrán apreciar sus dotes culinarias. Aunque pudiendo vivir en la mugre, la persona sola se dedica a la limpieza con la diligencia de una mucama, pues ha descubierto, hace cierto tiempo, el poder del aseo para borrar de la mente la polución que horas de inanición dejan como subproducto.


Se concede indulgencias de vez en cuando, se ha vuelto su propio censor ante la ausencia de un otro limitador. Son fáciles el alcoholismo y otras sustancias, el polvo acumulado en los lomos de los libros que, puestos sobre la mesa de luz, van resignándose a jamás ser leídos.



Nadie está ahí para señalar tu soledad y de pronto hacerla visible: el eco de tus pasos al abrir la puerta te recibe con indiferencia. Con la misma indiferencia el espacio y tú intercambian miradas: las luces tenues, las plantas a gusto, un móvil comprado en algún mercado de antiguos, inmóvil sobre tu cabeza. Los reflejos sobre los cristales pulidos de las ventanas. El espacio se va cerrando sobre tu cabeza, un asma leve se agudiza, pero es costumbre y te adaptas a cada nuevo episodio.


Una claustrofobia particular: la del exceso de espacio ¿por qué? Apenas alcanzó a entrar la mesa del comedor y sobra mucho espacio en demasiados objetos. Cosas inútiles acumuladas que por efectos de la pareidolia y qué se yo, empiezan a volverse gente. Caras que ríen, caras que lloran pero que no pueden escucharte. Viendo caras en cosas porque no hay nadie.


El espejo extraño en el que a veces se cruza un otro. Curioso: cuanto menos me ven, menos me veo. Cuanto más me veo aquí, menos me identifico.


Hay días en los que me olvido de mi propia voz, entonces algo se cae al suelo y digo "¡Coño de la madre!". De forma más que ordinaria, mi identidad aflora, y entiendo que detrás de esta piel que se mueve transporta cosas (ropa, orina, jugos gástricos) también hay un engendro de algún lugar del mundo, cuyo nombre porta sentido, y recuerdo mi densidad e historia. Pronto todo cae en la ignorancia con la misma rapidez, continúo picando la cebolla. Esta bolognesa va a quedar una delicia.



¿Quién ejerce esta violencia contra mí? ¿Es el solitario violento consigo mismo, aún cuando desea no estar sólo?


Soledad no es ausencia, es vacío. Es diferente. En física, el vacío es una fuerza descrita. En la industria se usa esta fuerza para sellar cosas, como los aviones, los productos. Es como si el vacío estuviese tan desesperado por llenarse de algo, que la fuerza que provoca esta necesidad es capaz de destruir con la fuerza de una bomba, como un submarino que pierde presión en el lecho oceánico.


Una soledad de vida entera, cultivada desde la cuna, alimenta un vacío que crece conforme lo hace su portador. Con el tiempo va comprimiendo el cuerpo y los órganos, aumenta la presión sanguínea , la insulina no alcanza para manejar el azúcar, el pelo se cae y los ojos.


El vacío reclama ser llenado; cuando no puede satisfacerse desde afuera, va usando los recursos vitales de su portador.



Las razones por las que se está sólo no bastan para describir la soledad, porque la soledad total de una persona es mayor a la suma de las ausencias de su vida. Transcurrido un tiempo suficiente, aquello que empezó como una pequeña molestia, casi una intuición de que algo estaba desencajado —más que la demostración irrefutable de estarse quedando sólo—, se va volviendo una auténtica carga. Transcurrido el tiempo suficiente, es innegable que, más que un sentimiento, y más que la suma de todos aquellos que no están, la soledad es un mal sistémico, casi imposible de corregir por el propio paciente.


Quizás algunas pseudo filosofías de la actualidad, así como la autoayuda, ofrezcan en la reafirmación del yo una solución a la pequeñez crónica que siente el solitario. Pero pronto la experiencia de campo refuta por completo sus preceptos: "una mentira dicha mil veces se convierte en verdad", entonces intenta lo siguiente: ponte de pie frente al espejo de tu living, y dile lo siguiente: "Soy feliz, no estoy sólo, soy amado y estoy rodeado de personas que me valoran. Tengo muchos amigos, soy deseado, soy grandioso, soy la verga de Triana..." Ahora bien, date vuelta: ¿Qué ves? Método científico, le llaman.

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