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Borderline: bitácora de un enamoramiento


Anoche conseguí escapar de mi soledad facilmente. Pero mañana, mañana y mañana... no serán iguales.
Anoche conseguí escapar de mi soledad facilmente. Pero mañana, mañana y mañana... no serán iguales.


Prólogo:  Pura pasión


Desde septiembre del año pasado no he hecho más que esperar a un hombre: he estado esperando que me llamara y que viniera a verme. Iba al supermercado, al cine, llevaba la ropa a la lavandería, leía, corregía exámenes, actuaba exactamente igual que antes, pero si no hubiera tenido la costumbre de hacer estas cosas, me habría resultado imposible, salvo a costa de un esfuerzo aterrador. Al hablar es cuando tenía, sobre todo, la impresión de vivir llevada por mi impulso. Las palabras y las frases, hasta la risa, se formaban en mis labios sin la intervención real de la reflexión o la voluntad. Por lo demás, tan solo guardo un vago recuerdo de mis actividades, de las películas que vi, de las personas con las que me relacioné. Todo mi comportamiento era artificial. Los únicos actos en los que actuaba con voluntad y deseo, algo que debe ser de la inteligencia humana (prever, sopesar los pros y contras, evaluar las consecuencias), tenían todos alguna relación con ese hombre.


Cuando leí este fragmento de Pura pasión, de Annie Ernaux, sentí ambos alivio y tristeza. Alivio de saber que a otras personas les podía pasar lo mismo que a mí me pasó con Paco, y tristeza de identificarme con esa mujer patética y obsesiva.


Obsesionada por un diplomático casado con el que tuvo un affaire, y con el cual permaneció en ese juego masoquista por lo menos durante un año, Ernaux describe esa pasión denigrante, que es amar a quien desde un principio sabíamos que jamás nos correspondería. Ernaux no le da nombre al hombre objeto de su obsesión, pero en mi caso, el destinatario de tantas entradas en mi diario, de mis ruegos y pesadillas, se llamaba Paco.


En mi cuaderno de ese momento escribí casi a diario todo lo que me pasaba con él, entre diciembre de 2020 y febrero de 2021. Experimenté la euforia narcótica del enamoramiento, seguida del desgarro agónico del desamor. Me enfermé física y psíquicamente; la diarrea que me atormentó durante al menos quince días venía acompañada de ataques de llanto, autolesiones y alcohol. Después tuve que renunciar a un trabajo, buscarme una nueva psicóloga porque la señora P. Costa ya no sabía que hacer conmigo. Conseguí ayuda en la Fundación Foro, especialistas en una terapia para el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) llamada Dialectical Behavioral Therapy (dialéctico conductual, DBT).


Hojeo las páginas del cuaderno y me encuentro con frases reveladoras, dibujos con trazos enérgicos y cargados de sentido. He conseguido seleccionar aquellos momentos donde las palabras se acomodan de tal forma que dejan ver algo que está detrás de ellas, como una pintura mágica que dibuja una puerta sobre el muro de piedra, y devela un pasaje al subconsciente.


*Clave de lectura: el  post está compuesto por este prólogo, tres partes y un epílogo. En cursiva están escritas las entradas originales del cuaderno, mientras que en el medio, mis comentarios están en redonda.

 


Parte I: Idilio


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Solo me alienta el deseo divino de hacerte mía

Mas me destruye la incertidumbre que estoy pasando

Es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría

Y se me agota ya la paciencia por ti esperando

Idilio, Willie Colón

 

7 de diciembre de 2020

Nos contactamos por OkCupid y nos dimos la cita en el Parque Avellaneda, nos fumamos un rico porro en el parque junto a dos latas de cerveza y fuimos a su casa. Me hizo pizzas, hablamos y no nos habíamos dado un beso, hasta que él dijo algo así como “alguien tiene que romper el hielo”, y en ese momento lo besé, y desde ese beso no paramos hasta casi dos horas de verdadera pasión como hace ratísimo no sentía.


Esa noche dormimos juntos, la noche del jueves. El viernes a la mañana me lo volví a coger, y volví a tener un día alocado, yendo a mi casa, a entrenar, a lo de Claudio a buscar libros... Después me vi con Joaquín, que hacía mil que no veía. Tuvimos un sexo normal, él nunca me gustó mucho, pero necesitaba desahogar esas ganas tan intensas que tenía y que Paco me había dejado.


Sobre todo, quería darme cuenta de que lo maravilloso de haber estado con Paco no había sido nada especial, tan solo consecuencia de los efectos de la primera vez, que siempre es emocionante para mí, más la mariguana y el alcohol. No quería pensar en él como alguien tan especial, porque me había gustado demasiado.


El hecho de habernos encontrado en un parque, haber hablado y no haber ido directo al sexo —como hacía la mayoría del tiempo con otras personas— hicieron que esa conversación en el parque me pareciera la escena de una comedia romántica. El sexo se usa como forma de regulación; el sexo que tiene, con Paco, un poder estimulante, y con Joaquín una función tranquilizadora. Desde este momento la mariguana y el alcohol aparecen en la escena, y hay que seguirles el paso muy de cerca, porque durante este período esas sustancias jugaron un rol decisivo en mi capacidad de tomar decisiones y de (des)regular mis emociones.


En la siguiente entrada, escrita ocho días después de haber conocido a Paco, ya soy capaz de reconocer en el apego que siento hacia él los rasgos del apego que sentía hacia otra persona: Tomás. También la palabra “abandono” aparece, así como ciertas exigencias en la forma en la que se espera que Paco se comporte.

 

15 de diciembre de 2020

Paco es mi nuevo Tomás. Siento un terrible miedo a ser abandonado por él, y puedo ver banderas rojas desde la orilla: que no me pregunte nada acerca de mí, que me llame zalamero, que no me escriba buenas noches o buenos días.

Enloquezco un poquito...


Después de esa última frase el texto continuaba, pero me parece fascinante hablar de la locura en un estadio tan incipiente de esta relación. Reconocer que estoy enloqueciendo puede parecer un paso favorable, porque después de todo estoy detectando que algo no anda bien; pero entonces mencionar la locura no me pareció algo alarmante —como me parecería ahora—, sino un rasgo completamente esperable de estar con alguien sin tener la seguridad de que te quiere de la misma forma en la que tú quieres a esa persona.

 

16 de diciembre de 2020

Hoy Paco vino a casa y charlamos, lloré, dos veces, conteniendo un poco el llanto para no terminar estallando en lágrimas como realmente deseaba. Él no sabe bien qué quiere, ni qué siente hacia mí, cree que esto que nos está pasando tiene que ver con un fantasma de su pasada relación, que está llenando el hueco conmigo. Yo le hubiese querido decir que no, que debería creer en esto que nos está pasando, que debería entregarse, sin ambages, sin peros, a mí.


Recuerdo esa conversación, habíamos terminado de almorzar en casa, yo había hecho uno de mis almuerzos abundantes y deliciosos, me esforzaba constantemente por lucir como la pareja perfecta, y la comida era mi fuerte —eso ún no ha cambiado—. Cuando me dijo estas cosas, traté de mantener mi compostura, pero lo que sea que habia dentro de mi pecho no me estaba dejando ser la persona normal y equilibrada que trataba de mostrarle a él, y eventualmente me deshice en llanto.


Cuando estoy lejos de Paco, dos cosas me suceden: o me descreo de todo lo que nos está pasando, me resulta absurdo, ridículo y ficticio. O me entra una ansiedad que me carcome, y siento que lo necesito como un tanque de oxígeno. Hay un punto medio, que es cuando hago otras cosas que me mantienen la cabeza ocupada, o cuando tengo sexo con otros. Ahí mi mente se relaja, y la imagen de Paco luce más clara, se vuelve mortal y puedo ver que no lo necesito, pero que sigue siendo un gran afecto y una gran ternura lo que me ata a él.


Para mí este párrafo es una gran revelación, una de esas puertas sobre el muro de la que hablo al principio. Ya desde lo superficial, queda claro que yo había desarrollado una dependencia hacia esta persona, a quien necesitaba como a un tanque de oxígeno. Sin embargo hay tantísima información que apunta hacia un problema más complejo: la ansiedad que se pesenta cuando no se está con la persona amada; el sexo como forma de regulación; la percepción del otro como “inmortal”, una figua mítica y por lo tanto inalcanzable.


Pero lo más grave para mí es la gran evidencia de ese apego inseguro, que dice que cuando está lejos de la persona amada, todo lo vivido parece una mentira; y ese es un rasgo muy caracterísico del trastorno límite.


Yo sé que si él desapareciera de mi vida, yo sobreviviría pronto. Serían varios días de llanto y odio al mundo. Después tendría una y otra y otra cita y conocería otro como él. Que me cause sensaciones parecidas, que me ilusione...


La ilusión parece aún más importante que la relación real que se sostiene con la persona. La ilusión guía la pulsión de vida, dota a la realidad de colores magnificados, mientras que la persona objeto de la ilusión es sólo un portador de la misma, es intercambiable siempre y cuando la ilusión permanezca viva.


¿Qué va a pasar cuando él se vaya de vacaciones? Dejaré que él lo decida.


Trece día después de haber conocido a Paco, me preparo para que él pronto se vaya de viaje, será un viaje de un mes, en el cual nos mantendremos en contacto. Que no exista un acuerdo de qué somos, de cuáles son los alcances y los límites de nuestra relación, va aumentando mi ansiedad rampante. En la siguiente entrada, reflexiono en torno a cómo me afecta su ausencia; es todo un remolino de posibilidades, miedos y ansiedades guiadas, principalmente, por el miedo al abandono, y la necesidad de vivir una “fantasía”. Como si la realidad fuese insoportable de procesar para mi psiquis, y la fantasía e interpretaciones de quién yo creo que es esa otra persona, y lo que yo creo que significa lo que él me dijo, modelan mis respuestas, mientras continúo ignorando los hechos.


En la siguiente entrada, cuatro días después de esta, se observa cómo las dudas alimentan la ansiedad, y se sigue viviendo la relación al límite, como un juego de apuestas en el que en cualquier momento podría perderlo todo.


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20 de diciembre de 2020

Paco se va la semana que viene, me estoy preguntando qué voy a hacer, cómo me voy a sentir, cómo nos vamos a relacionar y hasta qué pasará cuando él vuelva.


Siento que la atracción y las ganas de estar con el otro son recíprocas, pero lo que no es recíproco es esa presión en el pecho que me dio ayer y hoy también cuando me vino a la cabeza la pregunta de si lo vería a Paco o no a la noche, si me quedaría con él o no, si tendría que volver a casa y estar “sólo” acá, y así, muchos pensamientos. El pecho se me hace un nudo, me agito, mi mente se concentra en un pensamiento fijo, todo atravesado por el miedo al abandono, de pronto pienso que si no lo veo esta noche es porque soy muy insistente y muy invasivo, que él necesita un respiro de mí para seguirme viendo. Me doy cuenta de que si él no pone los límites, yo voy a aproximarme sin problemas, todos los días, cada vez más cerca, hasta que ya no nos tengamos que separar tan seguido.


Lo cierto es que yo ni siquiera sé si con Paco valdría la pena aventurarse a algo más que esto que ya tenemos, pero la simple idea de que no exista esa posibilidad me destroza, necesito conservar esa fantasía.


Es como si yo tuviese un sistema de respuesta automático: cuando alguien me gusta, me engancho a él, no puedo dejar que pasen más de dos días sin verlo, necesito estar en constante comunicación con esa persona, y me causa una terrible ansiedad y sufrimiento no ser capaz de cumplir con todas estas condiciones. Entonces sufro, me enfrasco más en la idea de estar con él, o por el contrario, trato de tirar todo a la basura y dar todo por finalizado aunque no haya hablado precisamente con él, o me busco otras compañías sexuales y me siento querido y acompañado por momentos, como si le hicieran el relevo a él, porque se supone que él debería quererme y acompañarme.


En este último párrafo está la síntesis perfecta, quizás un diagrama detallado de cómo muchas veces la desregulación emocional modela las relaciones con los otros. Porque nunca se trata de verificar los hechos —algo que se trabaja mucho en DBT—, de la realidad, sino de cómo esto tan intenso que siento me vela y me impide ver a la otra persona, al mundo.

 

21 de diciembre de 2021

La risperidona se está yendo y siento cómo mi sexualidad aflora. Acabo de ver en el balcón del edificio de en frente, en el que siempre está mi vecino, a un obrero que se asoma y de casualidad nos cruzamos, de balcón a balcón. Él se me quedaba mirando curiosamente, y esa mirada, y que se quede un poco más de tiempo en el balcón revisando el celular haciéndose el loco, me calienta de 0 a 100. Me masturbo.


Estoy incendiado por dentro. Se me quitó toda la modorra mañanera, sólo quiero que vuelva a asomarse y que los deseos más bajos se hagan realidad.


El deseo sexual a veces es una vara perfecta para medir el nivel de estrés que pueda estar experimentando. Dejar la risperidona en este momento, ahora que tengo “el diario del lunes”, no fue una buena decisión. En aquel momento, había empezado con la medicación porque durante la pandemia a veces tenía estos momentos de rumiación y angustia. En este punto, todo indica que las cosas van muy bien con mi salud mental, después de todo, me estoy ejercitando, trabajo, tengo mucha energía y me siento intensamente, alocadamente, desbocadamente y enfermizamente apasionado por alguien. No dejo de pensar lo mucho que se parece esto a una hipomanía, pero no quiero jugar a los diagnósticos.

 

23 de diciembre de 2020

Te dibujo. Te escribo. Te poetizo, te canto, hago una oda, levito, me echo perfume, te quemo en palo santo, en incienso, te pido al Niño Jesús, te fumo, te hago un juguito de graviola, te caliento las hallacas, te mimo en las esquinas, en el reflejo, te acaricio el gato, el gato nos acaricia, en la cama, cada vez que nos vemos, cada vez que te abrazo en medio de mi huracán te deseo eterno, paciente y sereno, te miro en el eclipse y escribo cosas sin sentido que alivian mi obsesión y mi neurosis, te temo en la carne y en la abstracción, te añoro y te ato a mí con una cuerda infinita, elástica, que me permita estar contigo aún cuando ya te hayas ido, releo lo escrito para comprender qué me pasa y por qué te bebo, te alumbro, te venero y y permanezco en este constante dopaje que se maximiza cuando huelo tu respiración. Cuando estamos en la cama, en el piso, en el balcón, visitando la casa de la señora que nunca se tiró a las vías del tren en Villa Luro. El tiempo se hace chiquito contigo y se expande fastidiosamente cuando te vas. Cuando me voy, cuando hay un mundo afuera por atender, un mundo que no eres tú y no soy yo, pero que... en cada marihuana que nos fumamos, que no quiero fumarla porque me impide concentrarme en tu carita, en tus brazos en tu pecho, en ese nido que me calienta me aquieta me duerme me transforma en algo brillante y luminoso.


Qué ganas de hacerme eterno en esa playa de tus manos qué ganas de explotar y ser supernova y ser de todo para ti, para que me veas, para que bailes conmigo, para que sueñes mis sueños y nos perdamos en un eterno mundo de gigantes y naves espaciales piratas. Qué sueño vívido, tenerte, vivenciarte, saber que no estás acá y sentir tus ojos en alguna parte.


No todo es espanto en esta historia, ni en mis escritos. A veces aparecían este tipo de momentos, donde el ruido de mi pecho se callaba un poco, y mi verborragia se hacía verbigrácil.

 

Parte II: Desesperación


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No me cansaría

De decirte siempre

Pero siempre, siempre

Que eres en mi vida

Ansiedad, angustia

Desesperación

Toda una vida, Pedro Vargas

 

Paco se fue un 24 de diciembre, esa noche la pasé con un grupo de amigos que había hecho hacía poco tiempo. Mi energía en aquel moemento era óptima, estaba lleno de carisma y dispuesto a divertime y hacer amigos. Era algo así como el punto más alto de una montaña rusa, hasta que todo empezó a caer por su propio peso.


27 de diciembre de 2020

Te extraño. Me estoy rompiendo. Todo esto es absurdo. No ser más que mi soledad y mi hueco jugándome una bromita. Para ser honesto no te extraño tanto, tan sólo tengo un miedo mortal, es un miedo tan intenso que podría matar con tal de no vivirlo. Mi miedo es que no pase lo que yo añoro: que te quedes conmigo. Tengo tanto para darte. Te lo daría todo. Estás lejos ahora. Ahora ¿qué hago?

 

29 de diciembre de 2020

Hoy hablé con Paquito por teléfono. Me alivió. Me reí, me reí mucho. Me dejó una sensación alegre en el cuerpo, me hizo sentir feliz. Me pasa esto con él aunque esté lejos, aunque sepa que falta un mes para vernos otra vez. Esa interacción me ayudó a ver que lo que siento por el es algo que me hace bien. Él es una persona bondadosa y alegre, es tranquilo, bonachón. Me imagino su cara sonriendo, sus cachetes apretándose. Es un ser de luz, espléndido.


Después leí una cita en Instagram de Zygmunt Bauman, acerca del amor líquido y cómo hay gente que puede llegar a amar a tres personas distintas en un mes. En cómo se confunde el amor con el sexo tantas veces. Leer esa nota me aterró, me hizo preguntarme si lo que estoy sintiendo por Paco es eso, un simple desbordamiento del deseo sexual.


Siento algo aterrador acerca de esta entrada. El primer párrafo tiene un estilo muy diferente a todo lo escrito en el resto del cuaderno, porque por primera vez me refiero a una conversación con Paco de una forma agradable. Pero no es simplemente agradable, es indulgente, como Annie Wilkes en Misery, una sonrisa llena de colmillos. No es Paco, es Paquito. Hay algo en esa sintaxis que me trae a la memoria a la esposa de X, quien soportó años de maltratos y humillaciones, pero que cuando hablaba con él lo hacía con un tono servil y lisonjero; casi podía esperarse de ella que lo atara a la cama y le reventara los pies con un martillo. ¿Por qué me recuerdo a semejante monstruo?


Por otro lado, ese registro extraño de sumisión ninja, está mezclado con el comentario de Bauman, donde por primera vez se abre la posibilidad de que lo que estoy experimentando sea una ilusión, una mentira. Pero es como una mirilla por la cual me asomo una sola vez, luego me doy vuelta y la olvido en seguida y para siempre.

 

01 de enero de 2021

Es de mañana, son las 10 pasadas. Pienso en Paco, lo escribo, sueño con que no me afecten tanto las cosas. Nahuel se fue y de inmediato volví a Paco. Me lo cogía y pensaba en él. Y ya se fue Nahue y acá sigo, añorándolo. Quién sabe lo que habrá hecho esta madrugada. ¿Habrá cogido con alguien también? Eso me dolería. Pero no más que tenerlo lejos, eso me duele más todavía.


Ayer no fue un día fácil para mí. Tuve que lidiar con la sensación de abandono y necesidad y soledad, todo al mismo tiempo. Así estoy. Ahora dormiré y veré con qué actitud me despierto.


Me siento aterrado. Aterrado.


Pero él me quiere, y me extraña como yo a él.


Esta es la antesala de una crisis, y cinco días después me encontré luchando por mantenerme en pie. A veces parece que las crisis de una persona con TLP son explosivas y venidas de la nada, pero eso es tan sólo una ilusión “óptica”, es lo que se ve desde afuera. En la realidad, las noches como las de la siguiente entrada se van cocinando desde mucho antes, y puedo pensar que la suspensión de mi tratamiento psiquiátrico, y la falta de una persona cercana que pudiese notar los grandes cambios en mi estado de ánimo, contribuyeron a que se fuese gestando ese escenario.

 

07 de enero de 2021

Estoy agotado psíquicamente. Anoche fue una noche de mucho sufrimiento, mucho dolor. Me golpee la cabeza contra la pared, contra el suelo. Me di unos piquetitos con el cuchillo, me ahorqué un poco, me azoté... Recuerdo todo esto y ya no me produce tanto miedo, en cierto modo, lo disfruté, fue una forma de expresar lo que me estaba pasando internamente, de exteriorizar todo ese sufrimiento, ese dolor y esa desesperación.


No importa cuánto Paco me guste o me quiera, si la relación que sostengo con él me hace daño, debo dejarla ir.


Y así, tendré que descartar todo aquello que me causa sufrimiento.


Ahora bien, entiendo perfectamente eso de que “disfruté” haciendo esas cosas. No es masoquismo, no disfruté el dolor físico. Lo que disfruté fue expresar tantas cosas que no podía poner en palabras, en gran parte porque nadie me pedía ponerlas en palabras; y no hablo de un terapeuta, hablo de un amigo, un familar.


Sólo en la más oscura soledad del espíritu puede alguien considerar la autolesión como una vía de expresión. La cruda verdad —y esto el DBT lo entiende a la perfección— es que estos “mecanismos de regulación” son muy efectivos cuando se está en medio de un pico elevado del dolor. Por eso algunas estrategias sanas de regulación son azotarse la muñeca con una banda elástica, o darse una ducha de agua helada. El malestar físico es un acto tan disruptivo para la psiquis, que ella misma se detiene en el acto: se detiene la rumiación, las palabras crueles con las que te hablas en medio del llanto, las imágenes dolorosas que tu mente proyecta para revivir tus dolores. Todo cesa, como cuando le das un tate quieto a un carajito mal portado..

 

Tengo un dolor prehistórico dentro de mí. No puedes contigo mismo, a veces. A veces, te enciendes como una brasa. Ojalá todos gozaran de tu fuego abrazador.
Tengo un dolor prehistórico dentro de mí. No puedes contigo mismo, a veces. A veces, te enciendes como una brasa. Ojalá todos gozaran de tu fuego abrazador.

10 de enero de 2021

Es normal estar triste un domingo a esta hora: 17:07hs de la tarde, en verano, con el sol recalcitrante quemando el lomo de los edificios, el calor colándose por las ventanas abiertas, es normal. Que quiera tan sólo dormir para que pasen las horas, que seguro al despertar esta sensación se haya adormecido un poco, y quede así, medio dormido, hasta que note que estoy en pie, lavando los platos sin saber bien cuál será mi siguiente movimiento, y me invada nuevamente. Es normal, como tener una mascota que se mete entre aberturas, puertas de la alacena a medio cerrar, y fastidie un poco, pero entendéis su naturaleza y la dejas hacer. Tratar de controlarla sería un acto masoquista. Ella sólo te acompaña, ella Es contigo.


Es normal estar triste un día como hoy: conociste a una persona; quizás, después de todo, no era una persona tan diferente al resto. Con la única diferencia que esa persona te hizo sentir cosas que el resto no te hacían sentir. Quizás fue la forma en la que te abrazó, sus ronquidos interminables que te molestaban al dormir y que te recordaban lo humano que era esa persona. Quizás fueron cosas tan sutiles, irreproducibles por otro cuerpo humano: una mirada vaga, un gesto con el hombro, el olor de su saliva. Fueron tantas cosas, como lo es cualquiera: tantas células y folículos capilares y tanto lenguaje que no se puede computar.


Es normal estar triste hoy domingo, pero no siempre fueron domingos. Un jueves le conociste, hace poco en el calendario. Hubo otros días: un viernes eterno de inanición compartida, donde parecía que el alimento era el calor de su torso, y nada más. También hubo otro viernes, ese viernes hubo eclipse solar, y tu pensaste: debe ser una señal.


Es normal revolcarse en la cama, en el sillón, en el mat de yoga, ir a la nevera con frecuencia por cosas que luego olvidaste, es normal vagar como tu propio fantasma en el espacio delimitado por la Unidad Funcional. Buscando algo que te despierte del letargo, algo tan importante que impacte adentro, que te asegure cierta tranquilidad, un domingo como este, en el que es normal la dificultad para respirar, en el que es normal el estreñimiento, la mirada perdida y los labios secos.


Te llenas de memorias que no tienen imagen ni sonido, algunas de ellas son sólo fotogramas de momentos que compartieron. Algunos de ellos son inventados, son de un futuro que hoy te parece imposible. Pero el fotograma es la esperanza, y te consuelas porque da igual, es igual de falso que el pasado: todo es ilusión, en un domingo como este.


Es normal estar triste un domingo a esta hora: 17:27hs de la tarde. Lo que tanto te llenó, se fue. Sabes que la ley de las cosas opera de esta forma. Lo que se fue dejó un espacio abierto, un espacio donde debería estar eso. Ya no está. Queda abierto, una raja se abre en algún lugar que se te dificulta identificar. Con la esperanza de que vuelva, dejas el espacio abierto, y es un lugar frágil y permeable. El viento caliente del verano lo hace supurar. Pero la esperanza, la esperanza.


Es normal que la tristeza se parezca a la locura. Que te desoriente, te quite el interés por lo básico de la existencia. Es normal. Que quieras huir lejos de esa sensación, incrustada en tus huesos. Comer no te aleja de ti mismo. Pero dormir. Quieres dormir y ver qué pasa en unas horas. Dormir y dormir cada tristeza, cada angustia, cada anhelo y cada pregunta que no puedes responder.

 

22:34hs de la noche. Es normal estar triste un domingo a esta hora. No he llorado, eso me sorprende. Esta tristeza es más suave que el resto de las otras tristezas. No me lastima físicamente, quiere estar sola y tranquila. Quiere pensar en paz para poder existir cómodamente. No encuentra oposición, la dejo ser...


En la siesta soñé que me sacaban fotografías, y que yo sacaba otras fotos también. Creo haber soñado con las cosas que me ponen triste ahora, pero por suerte no lo recuerdo.


Pasó justo lo que había calculado. Cuando desperté, la tristeza aún dormía. Pero después volvió, tan densa y silenciosa como antes, y me halló en el living, tumbado en el suelo, dormitando. La acepté, dejé que me invadiera, no era para nada desesperante en ese momento. Ahora tampoco lo es. Tan sólo está, y me acompaña a dormir otra vez, esta vez para despertar mañana.


¿Qué será de esta tristeza mañana? Ojalá se haya aburrido un poco, y me deje trabajar tranquilamente. Ojalá no me angustie como suele hacerlo. Si algo necesito es estar tranquilo, aún si estoy triste, que sea silenciosa como lo ha sido hoy.


Es normal, es normal. Recordarlo. Desear tantísimo tenerlo cerca y que las palabras fuesen otras. Es normal no querer separarme de él, inventar escenarios en los que me busca y se da cuenta que me quiere consigo. Bonitos escenarios. Bonitas mentiras.


Es normal estar triste. Lo repito y me alivia, no tengo que pelear con nada, mejorar nada. Tan sólo estar y soportar. Una tarea monástica. Esta tristeza es algún tipo de meditación, algún tipo de mantra. No me hace sentir bien, pero me tranquiliza.


Yo compliqué tanto las cosas, como suelo hacer. Yo me enredé como un ovillo entre tantas cosas dichas, tantas miradas, tanto tacto y tanto tiempo que pasé con esa persona. Esta tristeza la parí yo, soy su madre y su padre. Nadie me ayudó a concebirla, porque su origen estuvo en mí todo este tiempo. Por eso ya no quiero molestar a más nadie, diciéndoles que mi tristeza esto, que mi tristeza aquello. Debo cargarla yo sólo dondequiera que vaya.


Y no la poetizo, la describo tal y como existe dentro de mí. Aquello que podría salvarme no vendrá a mi socorro. Si yo quisiera salvarme necesitaría más de mis propias fuerzas y tratarme las heridas. Pero hoy no tengo fuerzas. No tengo nada que ofrecer, sólo dormir. Dormir, dormir.


Después despertar a ver qué pasa, qué me pasó. Más nada. Sólo eso puedo hacer ahora.


Aquí percibo cómo cambió la energía unos días después de aquella crisis: como una aldea que ya ha sido saqueada e incendiada por la furia de la crisis, el llanto y el dolor; para que la tristeza, con su carácter flemático, llegue después con calma y se asiente en el territorio. El fuego se ha extinguido, sólo quedan ascuas, humo flotando apacible por sobre los tejados; el frío invade las casas, y una sensación de lentitud, cansancio y pesadez se cierne sobre todo el lugar. De aquí en adelante las entradas se vuelven más reflexivas, “quietas”, podría decirse. Para mí es evidente esa voz que escribe a partir de ahora, como la de un enfermo en cama: una voz cansada, emotiva y anhelante.

 

12 de enero de 2021

Me enamoré de un pibe cualquiera. Un pibe de barrio que adora las Paty, los panchos, la cerveza, el fernet y el vino. Un pibe de asado, choripanero, peronista. Un pibe morocho tatuado. Tiene una sirena, un marinero, una virgen, una golondrina, flores, y la palabra “Sensible” enmarcada entre dos estrellas azules ordinarias; todo esto tiene tatuado el pibe del que me enamoré.


Me daba cuenta de que cada gesto suyo dirigido hacia mí me provocaba una inmensa alegría. Bastaba con que me mirara, así fuese fugazmente, bastaba con que me abriera la puerta de su casa y esperara a que yo entrase primero. A veces me pasaba a buscar en su auto —una camioneta ordinaria, como él— por mi casa, y yo me sentía Holly Gollightly.


El día que lo conocí me contó que era muy “Sensible”, que tenía baja autoestima, que se estaba recuperando de su última ruptura: 6 años de relación, un año sin sexo, 5 meses desde su mudanza a vivir sólo.


Así me enamoré de este pibe. Sentía que debía llenarlo de regalitos, sin esperar nada de él, sólo por verlo sonreír. Entre sus sonrisas, sus miradas, y mi alegría, empecé a sentir una felicidad extasiante, narcótica. Eso me enganchó, y ya no quise soltarlo.  Pero ¿quién en su sano juicio suelta la felicidad así tan fácilmente?


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Por primera vez Paco aparece revelado físicamente de una forma más descriptiva, menos asociada al sexo; está descrito, dibujado en palabras, hablo de su vida, de su personalidad. Lo hago por primera vez sin la euforia que sentía en un principio, pero sin dejar de lado, por un segundo, la añoranza y la idealización.

 

13 de enero de 2021

Quiero encerrarme en un capullo y dormir durante meses, y que el sueño traiga el olvido. Si él ya me pidió que lo olvidara. Con otras palabras, con amabilidad y ternura me advirtió que esto no va. Y aquí estoy, sufriendo porque es lo que mejor se hacer. Sintiéndome triste porque es un lugar común.


El sueño es el mejor aliado de mi tristeza, dormir significaba no estar en el mundo, no sentir el mundo, el lugar en el que yo había sido lastimado. Quería huir de ese lugar, y al mismo tiempo huír de mis pensamientos, que me hacían doler como un traumatismo severo.

 

14 de enero de 2021

Otra vez mal. Otra vez no, sigo mal. quiero mandar todo a la mierda. No me da el cuerpo. Quiero hacerme daño y terminarlo todo. No quiero nada con nadie.


Mañana voy a la guardia, me van a medicar más. Me voy a volver a convertir en esa persona triste que tiene problemas psiquiátricos. Nadie me va a querer así. Mucho menos él, que quiere estar en paz. De última, no tengo la obligación de agradarle, de hacer que me ame. No. Esas no son cosas que uno controla. Yo soy quien soy: este pedazo de basura.


Ayer me ahorqué. Me golpee con el mazo del mortero. Quiero aprender a cortarme sin miedo. Me doy cuenta de que el dolor físico corta el dolor emocional. Debo explorar ese camino.


Llegué hasta aquí por lo que pasó con Paco, porque me enamoré de él. Salir de aquí me va a costar muchísimo más. Pero saldré, seguramente.


Quisiera seguir llorando. Gritar. Golpearme, hacerme daño, seguir sufriendo mucho mucho mucho. Quiero destrozarme. Me lo merezco. No soy nadie.


La montaña rusa sube, baja y luego sube otra vez. Pero cuando vuelve a subir, lo hace por otro caminito, y en este caminito, la imagen de Paco, impregnada de ilusión, de esperanza y de fantasía, ha sido sustituída por el odio hacia mí mismo, por haberme puesto en esta posición en primer lugar.


Pero hay algo positivo en medio de esta tragedia, y es que volveré a medicarme, y aunque entonces fui incapaz de verlo, esa inconsistencia con mi tratamiento fue un catalizador para la crisis posterior. Sin embargo, el lado B de todo es esto: ser la “persona triste con problemas psiquiátricos”. Me tomó mucho tiempo entender que tener problemas psiquiátricos no necesariamente tenía que ser algo tan triste, y que tomar una  pastilla para no hacerme daño no era malo en lo absoluto, al contrario, era lo mejor que podía hacer. Pero me tomó años —y varias crisis— entender eso.

 

Parte III:  Obsesión


te voy a dibujar hasta el cansancio
te voy a dibujar hasta el cansancio

No es amor

Lo que tú sientes

Se llama obsesión

Obsesión, Aventura

 

A mitad de enero tuve que dejar el trabajo de cuentacuentos en el que estaba en aquel momento. Yo venía demostrando una gran dificultad para sostener mi presencia cada día en aquel lugar, y se día los coordinadores me llamaron para proponerme estar en otro espacio, porque quizás no la estaba pasando bien allí. En ese momento, la represa que había estado conteniendo mis emociones durante los primeros quince días del mes se rompió, y lo único que pude hacer fue llorar, recuerdo que a veces los shorts que usaba se me subían, y las marcas de los cortes en mis muslos se mostraban. Los coordinadores acordaron que lo mejor sería que no continuara trabajando. Tan rápido como me fui de allí, cogí un uber y me fui a la guardia psiquiátrica.

 

17 de enero de 2021

Hola otra vez, escuchando Rhye. Sólo en casa. Ayer qué día intenso: llorar desesperadamente frente a Marisol y a Gonzo. Esa fue la cereza del pastel, y ahora no iré más a Palabras con Voz. Qué triste por un lado, que alivio por otro. En la guardia de Dharma me dieron tres veces la dosis de risperidona que ya tomo. Al menos estaré calmado. Ya me la irán ajustando. Cada día extraño más a Paco, qué ganas de estar con él.


Han pasado dos horas desde que le escribí, y este cuaderno casi se acaba. ¿Seguiremos juntos cuando él vuelva? Es tan difícil todo este proceso. Tanta incertidumbre. Sigo en casa, sigo sólo. Dormiré y dejaré que pasen las horas. Las horas.


Las pastillas hacen su efecto. Porque le escribí y no me contestó, y no estoy llorando y queriendo lastimarme. Estoy bien, tranquilo. Justo lo que quería.

 

20 de enero del 21

Obsesión: “esta condición se caracteriza por la insaciable necesidad de poseer y ser poseído y dominar a la persona objeto de la obsesión, quienes padecen experimentan sentimientos intensos de celos, incertidumbre y resentimiento que reemplazan el amor, la seguridad y la confianza, las personas que sufren el trastorno sienten dolor intenso, angustia, preocupación y desasosiego cuando se encuentran lejos de la pareja o cuando por factores de tiempo, rechazo o disponibilidad física o emocional no reciben la atención que demandan, la satisfacción de sus demandas se convierte en una compulsión y fijación perpetua, factores como el abandono, el abuso físico o emocional, el descuido, la falta de afecto o la baja autoestima pueden conducir a la persona a desarrollar este tipo de comportamientos, el vacío emocional los lleva a la búsqueda desesperada de amor y aceptación, con la falsa creencia de que sólo pueden ser felices si están correspondidos por la persona objeto de su obsesión, crear una ilusión que los lleva cada vez más lejos de la verdad y que les genera sufrimiento y decepción”. Wikipedia.


Haber hecho esta búsqueda revela que finalmente estoy entendiendo a un nivel más profundo lo deletéreo de esta pasión, y que soy capaz de separar un enamoramientto cotidiano de lo que se ha transformado en una relación obsesiva y enfermiza con un amor, que a este punto de la historia, es completamente platónico.

 

25 de enero de 2021

No escribe, no está, qué hago. Si me siento triste porque no me escribe, lo más recomendable sería ir al gym, ahí sé que se me pasará un poco esa sensación de pesadez, aunque me encuentro bastante despierto, son como las 13:30hs, acá sigo pensando en él. Paco, ¿dónde estás? ¿Estarás pensando en mí? ¿Por qué no escribes? Escríbeme, quiero estar contigo, quiero verte, quiero abrazarte, mucho mucho mucho, dormir contigo, me hace falta tu ternura.


A veces las respuestas a las grandes preguntas son obvias, ¿me quieres? Veamos, ¿me escribes? No. Anoche conseguí escapar de la realidad fácilmente, pero mañana, mañana y mañana no serán iguales.


Escrito cerca de las 19 horas:

Es normal estar triste un lunes a esta hora, pienso en ti y me pongo mal de la panza, me da diarrea, escuchaste eso, diarrea por pensar en ti, eso significa que lo que me pasa contigo va más allá del miedo, del odio, la pasión o el amor que yo haya podido sentir alguna vez por alguien, es un sentimiento profundo y doloroso, pero sobre todo angustiante.


Estoy tan triste, tan vacío, te extraño tanto, qué rabia conmigo mismo, cómo es que dejé que pasara esto, cómo es que dejo que siga pasando, es como si cada día sucediera una y otra vez, una y otra vez, como si me abandonaras una y otra vez.


Escrito cerca de las 2 horas:

Me duele el pensamiento, estas pastillas parece que me secan las lágrimas, no puedo llorar pero mi cuerpo entero quiere hacerlo, quiero gritar, quiero golpear algo, golpearme tan fuerte que tenga amnesia y olvidar todo lo que siento por ti. No dejo de recrear escenarios en mi cabeza donde tú y yo hablamos en un futuro cercano, de aquí a un par de meses y tú me dices que lo pensaste mejor, que me extrañas, que quieres estar conmigo de verdad. Esta clase de pensamientos me duelen, cargo con esta tristeza todo el día, es más leve gracias a las pastillas, pero está presente, me sigue como una sombra, la cargo encima como un muerto. Y pensar que ni siquiera he hablado contigo, no te he escrito un mensaje, estoy esperando que tú lo hagas, ya sabes, para no presionarte, pero por otro lado me presiono yo, me torturo yo, pensándote completamente lejos de la realidad, estos pensamientos me agobian. Qué ganas tengo de verte, de amarte otra vez, libremente como hacía un mes.


Maldita soledad, maldita soledad, maldita mil veces, maldita, maldita soledad, contigo sentí que encontré un compañero, quiero llorar y no puedo, quiero llorar, lloré, estoy llorando, que bien se siente expresar este dolor, lo dejo salir, lo dejo fluir, que se vaya lejos, lejos, mi soledad, mi casa, mi cama de una plaza, cómo puede ser que duela tanto esto, mi apartamento chiquito, mi abandono, mi brutalidad, mi desesperación, mi desesperanza, qué artista, quién soy, un artista de mierda, artista, marihuana, alcohol, sexo y comida y dormir abrazados.


Me ahorco un rato, es como una eyaculación, después se me pasa el efecto, el doctor dijo que es un síntoma muy grave, me pregunto qué habrá de grave en querer morir, yo creo que es una experiencia maravillosa, mi muerte ideal sería la de la mano con el amor de mi vida, moriría feliz y que sea de golpe, que seamos jóvenes y que nos sorprenda. El amor es una mentira, el amor es una mentira, me ahorco, me ahorco, me ahorco, me ahorco, quién me va a querer así, nadie, estoy condenado a morir así, por mano propia.


Otra crisis, aunque más pequeña que la primera. El ahorcamiento se sostiene como práctica durante todo este tiempo, para acompañar las intensidades más difíciles. Leyendo esto no puedo más que sentir compasión, imaginándome sólo en casa, recostado en el sillón, o tumbado en la cama, viendo el techo, fumando, pensando una y otra vez, recordando, con dolor en el pensamiento.


Recuerdo vívidamente la dureza de esa sensación: estar lleno de dolor, de tristeza y sintiéndome tan sólo y a la deriva, y a su vez hallarme físicamente sólo en el espacio de mi casa. Un escenario rudo, definitivamente, ninguna pastilla hubiese podido calamar ese dolor si permanecía sólo de aquella forma. Aquella era una soledad enloquecedora. Por eso, como tantas otras veces, Claudio vino al rescate, y fue quedándome en su casa donde pude realmente empezar a recuperarme, y salir de lo más profundo de aquel episodio depresivo.

 

Un hueco me persigue. Yo lo lleno con el humo de este tabaco lo lleno con recuerdos que me hacen llorar.
Un hueco me persigue. Yo lo lleno con el humo de este tabaco lo lleno con recuerdos que me hacen llorar.

Casa de Claudio

27 de enero de 2021

Es raro, no sé qué escribir. Hoy me he sentido bien, al menos despierto, alerta, menos triste que días atrás.


El apoyo que Claudio me brinda es invaluable. Sencillamente saber lo mucho que se preocupa por mí, me hace sentir feliz. Hoy me dejó una nota por whatsapp, hizo el mínimo ruido posible al irse en la mañana para no despertarme. Me guardó un turno con el masajista, me llevó a cenar y luego vimos una película.


Nos llevamos bien, tal como en la cuarentena, y eso me hace feliz. Por Paco no me he preocupado tanto, lo tengo en la cabeza metido, pero hasta podría decirse que no he pensado tantas veces en él como en días anteriores. Eso ya es un paso.


Pienso que cuando vuelva a mi casa, la que tengo que limpiar muy bien, eso es importante. Me sentiré solo otra vez. Ya no estará Claudio para preguntarme cómo me siento, pero al menos estaré menos alterado. El domingo podrá ser un día solitario.

 

28 de enero de 2021

Tan solo me doy cuenta de lo mucho que me cuesta estar solo. No tener a alguien esperando por mí en casa o en algún lugar. Quiero amor, necesito amor.

Estoy en orfandad.

 

01 de febrero de 2021

Esto se repite una y otra vez. El año pasado fue Tomás, hace unos 7 u 8 años fue Oscar, y Valentín. Yo apenas tenía 17 en ese entonces. Pero 17 o 25 no hay mucha diferencia. Todo es la misma mierda. Sigo patrones que van más allá de lo destructivo, esto es un juego suicida. Veo cómo me derrumbo una y otra vez, y cada vez duele más. Cada vez es más difícil controlar los impulsos más bajos de destruirme, como si mi propia existencia me importara menos con cada obsesión.


Después de todo aquí estoy, en casa de Claudio, sin poder estar solo en mi casa. Pero no es por el espacio, el espacio está bien. Soy yo. Solo estoy yo allí, y más nadie. La única otra cosa con vida en ese lugar son mis plantas, y hoy que volví estaban todas muy tristes y secas. Las regué, ojalá mejoren. Estoy aquí porque no puedo estar conmigo. Si mi mamá no hubiese ido hoy a casa, yo estaría ahorcándome. Me vine acá para huir del demonio mayor, que es esa mente que no me deja pensar. Solo estoy tranquilo a veces: cuando me baño, cuando duermo, cuando estoy con algún hombre.


Hubo un intersticio, ese periodo de dos semanas que estuve soltero antes de conocer a Paco, estudiando para el final de Biología, preparando las cuentas para la función de Tierra del Fuego, y arreglando todo para mis talleres de Diciembre. Estaba vigoroso entonces, me pasaban cosas interesantes; cogía con chicos y no me enamoraba de ellos. ¿Quién es ese Marcos? ¿Cómo puedo traerlo de vuelta? Y que quede conmigo, pase lo que pase. Así sea una catástrofe. Así sea algo muy bello, como enamorarme otra vez. Lo que sea que suceda. Pero que quede aquí, donde lo necesito. Ese Marcos se fue cuando llegó Paco. Desde el primer día, poco a poco se fue desvaneciendo.


El racconto de todas estas relaciones dibuja un panorama evidente de repetición, un modelo de conducta que puede usarse incluso para predecir el futuro, y ver el resultado de relaciones próximas, siempre y cuando se adapten a esta narrativa obsesiva y dependiente.


La aparición de cualquiera de estos individuos en el panorama marca un quiebre con la propia personalidad, un alejamiento del sí mismo, pues la dinámica del enamoramiento enfermizo va en dos direcciones: por un lado, se endiosa al sujeto de la obsesión, y por otro, la imagen propia resulta devaluada, sobre todo por el contraste que la idea de un ser perfecto, como lo es la “persona favorita” tiene con la del obsesivo, que parece vivir al sólo propósito de adorarle.


Me duelen mis dolores. Ayuda. Necesito un cambio de cerebro. Coño quiero llorar botar todo esto. Tú y yo toda la noche. Te gusta estar abajo, ese es tu problema. Cigarrettes after sex y nosotros toda la noche. Seguro te quisiste caer todo este tiempo.
Me duelen mis dolores. Ayuda. Necesito un cambio de cerebro. Coño quiero llorar botar todo esto. Tú y yo toda la noche. Te gusta estar abajo, ese es tu problema. Cigarrettes after sex y nosotros toda la noche. Seguro te quisiste caer todo este tiempo.


Alrededor de febrero, mi nerviosismo e impulsividad habían logrado estabilizarse un poco, aunque la tristeza y el dolor permanecían intactos. Esa mezcla entre la añoranza, y una mente menos agobiada por explosiones de emociones súbitas, me permitió dotar de palabras lo que sentía por Paco de una forma más simbólica, y pude, al menos, escribirle un poema.

 

2 de febrero del 21


Monolitos


Acércate quiero

mostrarte la lluvia

su sonido te sana sana 

la flor tan blanca que 

hay en tu sonrisa, no brotará pues

la tarde se va goteando mientras

yo te dibujo en verbos

de añoranza

apoyo mi oído te siento

pleno lates

en toda cavidad

contemplo la orilla de un lago que no sé

dónde termina

parto con una antorcha es

media noche

para buscarte

y nos carcoma el salitre

el barlovento la arena.

que seamos dos monolitos puestos

bajo el misterio de una costa perdida

veremos el mundo desde la orilla

más lejana.

 

Escribo para invocarte:

siento aguijones, la selva que susurra

tu nombre una lengua que no puedo traducir

bailo para verte la tarde

se sigue derramando

en cada lugar de mi

piel hay un sueño y

es contigo.


Epílogo: Borderline


ree

Borderline

Feels like I'm going to lose my mind

You just keep on pushin' my love

Over the borderline

Borderline, Madonna

 

05 de febrero de 2021

Que sensación de pesadez puede conllevar esta vida. Y uno piensa en la muerte, siempre su sombra cubriendo las personas y los objetos inanimados en la cotidianidad.

...

Me dejo caer, mis piernas se desparraman en el suelo y aunque no queden colgadas, esos 45° ayudan a la gravedad a que me empuje más y más hacia abajo. Si se afloja un poco la tela, la ajusto. No pongo el nudo sobre la tráquea, porque la presión que ejerce es insoportable. Durante este tipo de rituales, prefiero que todo sea más dilatado, sin apuros. La idea no es morir, sólo mojar los dedos en la superficie de esas aguas oscurísimas.


El suicidio no llega de la nada, no es como un producto cuya existencia ignorabas, y ahora que lo has visto en la televisión de pronto has descubierto que lo necesitas para solucionar todos los problemas de tu vida. Por el contrario, la ideación suicida aparece en pequeñas dosis en un pricipio, solapadas e inocentes, flashes de imágenes que te asaltan, pasan rápido y casi las ignoras, pero cuando se van, dejan sus sombras merodeaando por tu cabeza. Entonces las preguntas aparecen en el horizonte, y una respuesta: “es posibe morir”, como diría el personaje de la Señora Dalloway en el libro de Virginia Woolf, que a su vez está en el libro “Las Horas” de Michael Cunningham, en el que a propósito, varios personajes se matan, o al menos lo intentan o lo piensan. Cuando el morir pasa de ser una posibilidad, a ser una necesidad, se ha entrado en un estadio severo de la ideación suicida, muchas veces —aunque no siempre— asociada a un episodio depresivo.


Para esta última fecha, la idea del suicidio luchaba por instalarse firme en mi psiquis, colonizando mis pensamientos, anulando cualquier posibilidad de cura, tratamiento y mejoría a mi situación. La confusión que me invadia entonces me hacía imposible tener una línea de pensamientos coherentes en relación con nada en la vida, mi futuro era una fotografía borrosa, pero cuando pensaba en morir, adquiría una nitidez de alta definición. Era un atractivo difícil de superar por nada de lo que estaba pasando en mi vida. ¿Cómo llegué aquí? Pensaba. Ahora, después de cinco años, lo entiendo muy bien. En un fragmento sin fecha que escribí por aquellos días dice:


Quizás las cosas que he vivido me hayan empujado a cierto nivel de discapacidad. Podría ser un discapacitado emocional y no saberlo... así habrá gente como yo: gente que desea tanto amar y ser amado que en el intento se destruye, se descompone, se estropea, se extravía...


Me resulta tan revelador este pedazo de texto, sobre todo, en relación al uso de la palabra “discapacidad”, porque era como si yo estuviese identificando que había algo anómalo en mi forma de vincularme románticamente con las personas, pero parte de la etiología de ese mal, estribaba en no saber dónde estaba fallando, qué estaba haciendo o percibiendo de manera anómala.


Y aún sabiendo todo eso, ¿hubiese sido capaz de modificar mi conducta, tomar acciones hacia una forma más sana de relacionarme? Tiene tanto sentido como un ciego que empieza a ver sólo porque finalmente entendió el origen de su ceguera, y tiene la voluntad de curarse. El TLP funciona algo parecido, todo el recorrido que hice con mi diario fue un intento de entender mi propia psiquis enfermiza; con cada entrada, confesaba mis emociones de la forma más honesta y sin ambages, y entre líneas podía leerse los componentes que conformaban mis conceptos de amor, relación, apego, afecto, cariño, soledad, abandono, pasión, sexo, vida, y muerte. Todos y cada uno de esos conceptos, transfigurados, trastocados y convertidos en formas de autoflagelación. Hubiese sido imposible curarme si estar enamorado era sinónimo de ansiedad, angustia, desesperación. Habría sido imposible curarme usando el mismo marco de ideas deletéreas que me habían enfermado.


Alrededor de febrero o marzo de 2021, aún con todas las emociones intensas que me había dejado la relación con Paco corriéndome por las venas, conocí a otro chico y empecé a salir con él. Algo que escribí por esos días revela otra faceta del gran problema que representaban las relaciones para mí. He subtitulado a este fragmento “La metonimia de la Persona Favorita en el TLP”:


Oh, Matías. Ese cuerpo. Y no paro de pensar en el ordinario de Paco. No te ofendas, Paco, ya sabes que te digo así por puro coraje y orgullo. Contigo no me pegaba la mariguana para el bajón. Todo contigo era la vida plena. Claro que Mati me agarró en un momento súper bajón. Esta mañana me vio llorar. Y ¿qué va a pensar de mí? Seguro lo mismo que tú cuando me escuchaste ese domingo en el teléfono, diciéndote que tenía diarrea porque tú estabas de viaje y yo no sabía si podíamos ser novios o no. Maldita la suerte que me tocó de ser bello por fuera y un nido de gusanos por dentro. Todo lo que entra en contacto conmigo se fascina y le dan arcadas, una cosa después de otra. Primero la fascinación, después el espanto. ¿Quién es este niño llorón y patético que está frente a mí? Se preguntan.


“Oh Matías. Ese cuerpo”. Un cuerpo, no más. ¿Será que es así como realmente lo veo? ¿Será que es así como veía a Paco también? ¿Y si esta añoranza no es más que la añoranza de un cuerpo que se fue y no la de un alma, la de un espíritu?


Esa última nota es como esos mensajes finales de las películas de terror que te hielan la sangre, que anuncian que el asesino aún anda suelto, y que en cualquier momento volverá. La metonimia es el reemplazo de una cosa por otra de igual valor, para que cumpla la misma función que la primera, y así el sistema en el que se encuentra pueda seguir operando sin interrupciones. Creo que Paco, Matías, Tomás —a quien mencioné al principio— y tantos otros, fueron tan sólo máscaras que algo muy profundo dentro de mi psiquis fue adoptando.


Lo que quiero decir es: una sombra dentro de Marcos lo seduce, le hace sentir lo más especial en el mundo, le promete seguridad, le promete amor; esa sombra luego le da la espalda, lo abandona, es capaz de humillarlo, maltratarlo, pero a su vez necesita sostener la adoración de Marcos, porque es eso lo que la mantiene viva. Para sobrevivir, la sombra adopta la apariencia de una persona humana que el paciente —para hablar en términos generales— conoce. El paciente, teniendo físicamente a su disposición la sombra, hace todo lo posible para asirla, evitar que huya, evitar que se cumpla la profecía del abandono, porque el paciente sabe que la naturaleza de la sombra es ser esquiva. La persona humana detrás del cuerpo que la sombra está habitando percibe que el paciente no está obsesionado por él mismo, sino por otra cosa, algo que él no es, y se aleja del paciente. Cumplida la profecía, el paciente pone en práctica todas sus herramientas para forzar a la sombra a permanecer consigo, pero cuando ya es muy tarde, cuando la persona humana que sirvió de vasija para la sombra ya está muy lejos, el paciente usa esas armas contra sí mismo —o contra otros—, y empieza su autodestrucción.


Me tomó muchos años no sólo entender lo que había sucedido con Paco, el por qué de tanto dolor, de tanto drama, de tanta angustia. Pero entender no es suficiente, y para curarse, o para lograr alguna mejoría como paciente, es necesario un esfuerzo superior e individual. La terapia del DBT me ayudó a encotrar mi propio camino hacia una recuperación, y posterior cura; el DBT considera  que el TLP tiene cura. Yo creo que más que cura, uno puede estar en remisión, pero es necesario un trabajo de toda la vida para mantenernos alejados de aquellos impulsos automáticos que nos conducen a repetir los patrones eloquecedores de apego.

 

Coda


Cuando terminé de escribir esta última parte, la palabra “sombra” me quedó retumbando de algo que había leído hace años, durante alguna de estas crisis; un poema de Alejandra Pizarnik que recuerdo que decía algo acerca de amar a una sombra. Finalmente di con el poema, y qué mejor forma de cerrar este post:

 

Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,

sin edad,

sin muerte en que vivirme,

sin piedad por mi nombre

ni por mis huesos que lloran vagando.


¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?


Siniestro delirio amar a una sombra.

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.


Alejandra Pizarnik

 

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FIN

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